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LAS LATAS DE CONSERVA PUEDEN TENER CONSECUENCIAS NEGATIVAS PARA LA SALUD

LAS LATAS DE CONSERVA PUEDEN TENER CONSECUENCIAS NEGATIVAS PARA LA SALUD

El perfil del consumidor ha cambiado. La guerra abierta contra el azúcar y el aceite de palma, el aumento de los hogares formados por una única persona, el ritmo de vida frenético, etc.  Han dejado paso a la demanda de una alimentación sana, fácil de preparar, de volumen y tamaño reducido, a buen precio y con un empaquetado sostenible y adaptado a las cantidades que realmente se consumen.

El perfil del nuevo consumidor, que a su vez es más urbanita, ha sido trazado en los últimos informes sectoriales y deja claro que el futuro de la industria alimentaria, desde el campo hasta el supermercado, pasa por la innovación para atender las nuevas necesidades de los clientes que, ahora más que nunca, fija el camino a seguir por los bienes y servicios.

Así, se desarrollan nuevos sistemas de conservación o envasado, para alargar la vida útil del producto utilizando menos aditivos, o se trabaja en procesos más sostenibles porque son exigencias del consumidor, y por ello de la industria y la distribución.

Desde el punto de vista de los consumidores. No siempre podemos recurrir a los alimentos frescos, por ello, todo el mundo guarda algún producto enlatado en la despensa o algún plato preparado fresco, como solución de emergencia para aquellos días en los que no hemos podido hacer la compra o, simplemente, porque no nos apetece complicarnos demasiado en la cocina. Los consumidores demandan, cada vez más, comida preparada a domicilio y tuppers preparados para comer en casa o comer en la oficina o trabajo.

En esta nueva realidad tenemos que diferenciar los platos preparados de las latas de conserva típicas. Ambos son productos que nos ahorran tiempo, pero el consumo de latas de conserva, en ocasiones, puede tener ciertas consecuencias negativas para salud.

Varios estudios publicados en el presente año señalan que, en dos terceras partes de las latas de conserva analizadas, pertenecientes a productos comunes, se encontraron cantidades muy elevadas de bisfenol A. Lo que ha desatado  una cierta alerta ante los posibles riesgos asociados a este consumo. El problema no se halla en la calidad de los alimentos que se venden bajo este formato, ni en si es este el mejor método para su conservación. El mayor peligro hay que buscarlo en el material con el que se fabrican los envases de las latas de conserva, en concreto en las sustancias químicas que se utilizan para recubrirlos.
El compuesto que se encuentra hoy en el punto de mira es el controvertido bisfenol A, usualmente abreviado como BPA, una sustancia orgánica muy difundida en diferentes industrias que se puede encontrar, además de en las latas, en los revestimientos de los microondas, en los contenedores de almacenamiento de alimentos, en las botellas de agua y leche, e incluso en las vajillas y en las cuberterías.

Según un informe elaborado por la Fundación de Cáncer de Mama de los Estados Unidos, junto con otras organizaciones sin ánimo de lucro, tras analizar 200 latas de marcas muy comunes, en dos terceras partes de las mismas se encontraron cantidades de BPA que fueron calificadas por los autores como alarmantes.

¿Estamos de verdad ante un compuesto realmente seguro? La pregunta será respondida de manera positiva o negativa dependiendo de la autoridad sanitaria a la que se pregunte. El BPA está clasificado como un interruptor endocrino, es decir, como una sustancia química capaz de alterar el equilibrio hormonal del organismo. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la FDA (la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos) aseguran que una exposición limitada no debería tener consecuencias para la salud. Por lo que respecta a la Autoridad en Reino Unido para la Seguridad Alimentaria, las cantidades reducidas de BPA deberían ser rápidamente absorbidas y eliminadas por el organismo, sin suponer, por tanto, riesgo alguno para la salud de los consumidores.

Nuestros platos preparados frescos no son latas de conserva y se mantienen mantiene frescos durante 60 días en el frigorífico, gracias al proceso de pasteurización al que son sometidos.

En Meal Solutions hemos conseguido elaborar platos preparados a domicilio con bajos niveles de azúcares y grasas y sin conservantes ni aditivos añadidos perjudiciales para nuestro organismo. La comida fresca refrigerada, al requerir unos procesos de elaboración, estabilidad y limpieza microbiológica menos agresivos que los utilizados en la fabricación de alimentos con conservación a temperatura ambiente, mantiene todo su sabor y nutrientes, mejorando la experiencia culinaria del comensal.